Este blog forma parte del proyecto narrativo"Los seis momentos claves de mi vida" bajo la dirección del maestro Sandro Cohen dentro de la materia Redacción Universitaria, del Departamento de humanidades, Division de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco

lunes, 24 de junio de 2013

Un viaje a Oaxaca


Era 2009, y yo tenía 16 años. Un amigo me invitó a ir de paseo a  Oaxaca. Esté sería con fines políticos, ya que era patrocinado por un sindicato. Llegó el día  para el viaje, y yo estaba con muchas ganas de irme, sólo que mis padres no estaban en casa. Mi amigo fue a verme para irnos, pero mis  padres aún no llegaban.
Así, que, decidí dejarles un recado, y también muchas disculpas por irme sin permiso. Ya en el bus, sólo llevaba en mi cartera cinco pesos, y en mi mochila traía manzanas, naranjas, dulces y quesadillas. Partimos primero a la Ciudad de México al monumento de la Revolución.
Sería un viaje largo, ya que son siete horas hasta la ciudad de Oaxaca. Había mucho tráfico a la salida de la Ciudad de México. Pasamos al sanitario en la caseta de Miahuatlán de Porfirio Díaz, Oaxaca. Esta era la señal de que ya habíamos llegado al Estado. En la mañana desayunamos tamales, atole y un plato de consomé caliente. Después fuimos al estadio Benito Juárez a presenciar la Guelaguetza, un festival típico  del estado. Me agradó mucho, ya que son tradiciones muy importantes de México. En la tarde visitamos Mitla, una zona muy mágica y bella, con un gran atractivo natural. Ya, por último, cenamos y abordamos de nuevo el camión. Sabía que era el momento de regresar al Distrito Federal. Sería un momento triste, ya que Oaxaca era muy bonita y tenia, además, gente muy atenta y amable. A la llegada a la Ciudad de México, recordé el viaje y los buenos momentos que pasé en Oaxaca. Esos recuerdos quedaron en el olvido. En el momento en que mi novia estaba esperándome en mi casa con gran felicidad. Tuve que pagar muy caro con mis padres  el viaje al que fui sin permiso, ya que aún era el problema pedirles disculpas por irme cómo todo un aventurero. Ellos me perdonaron, pero tuve que estar castigado por un mes completo.
Mi castigo fue no salir, no ir a fiestas, no jugar videojuegos  ni ninguna otra diversión.

Fue una gran experiencia  y siempre la recordaré con una gran sonrisa.










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